Augusto Lostaunau Moscol

Actualidad del discurso de Matavilela

El 21 de agosto de 1898 se realizó la famosa conferencia de Manuel González Prada, organizada por la Confederación de Artesanos y la Unión Nacional (partido formado por González Prada en 1891). Es conocido como El Discurso de Matavilela porque se realizó en el local de los artesanos de Lima con cede en la Calle Matavilela, actualmente cuadra tres del jirón Conde de Superunda, a escasos trescientos metros del Palacio de Gobierno.

En el discurso, su autor, indica que:
“¿Qué fueron por lo general nuestros partidos en los últimos años? sindicatos de ambiciones malsanas, clubs eleccionarios o sociedades mercantiles. ¿Qué nuestros caudillos? agentes de las grandes sociedades financieras, paisanos astutos que hicieron de la política una faena lucrativa o soldados impulsivos que vieron en la Presidencia de la República el último grado de la carrera militar”.

Una frase de 1898 que, 120 años después, goza de mucha vigencia. Los Partidos Políticos en el Perú han servido para refugiar las más insanas aspiraciones y deseos. González Prada los percibe como simples clubes que se organizan alrededor de un caudillo electoral. Un personaje conocido que aprovecha su popularidad para ocupar un cargo público y lucrar.

El discurso continúa con:
“Nosotros no clasificamos a los individuos en republicanos o monárquicos, radicales o conservadores, anarquistas o autoritarios, sino en electores de un aspirante a la Presidencia. Al agruparnos formamos partidos que degeneran en clubs eleccionarios, o mejor dicho, establecemos clubs eleccionarios que se arrogan el nombre de partidos. Verdad, las ideas encarnan en los hombres; pero verdad también que desde hace muchos años, ninguno de nuestros hombres públicos representó ni siquiera la falsificación de una idea”.

La representación de quienes gobiernan el país está en duda. ¿Cuántos ciudadanos peruanos se sienten representados con el actual régimen? ¿Con el actual Congreso de la República? ¿Con los actuales Gobernadores Regionales? ¿Con los Alcaldes? Una respuesta simple –y sin mucha importancia científica- se puede encontrar en las encuestas de aceptación o rechazo a las autoridades. Una respuesta mayor y con rigor científico se encuentra en la calle. Cuando los ciudadanos peruanos se niegan a responder sobre política o se declaran “apolíticos” en la mejor demostración de rechazo e impugnación a la autoridad. El silencio refleja que “nada cambiará”; mientras que, su “apoliticismo” significa sus altos niveles de politización.

Luego, el discurso es una suerte de repaso de los acontecimientos políticos recientes, donde todos los gobiernos del Perú el Partido Civil hasta Nicolás de Piérola, son desnudados en sus acciones más corruptas. Además:
“En todas partes las revoluciones vienen como dolorosa y fecunda gestación de los pueblos: derraman sangre pero crean luz, suprimen hombres pero elaboran ideas. En el Perú, ¿Quién se ha levantado un palmo del suelo? ¿Quién ha manifestado grandeza de corazón o superioridad de inteligencia? ¿Cuál de todos esos que chapotearon y se hundieron en la charca de sangre surgió trayendo en sus manos la perla de una idea generosa o de un sentimiento noble? La mediocridad y la bajeza en todo y en todos. Vedles inmediatamente después del triunfo, cuando no se han secado todavía los charcos de sangre ni se han desvanecido los miasmas del cadáver en putrefacción: la primera faena de los héroes victoriosos se reduce a caer sobre los destinos de la Nación desangrada y empobrecida, como los buitres se lanzan sobre la carne de la res desbarrancada y moribunda. Simultáneamente, se dan corridas de toros, funciones de teatro y opíparas comilonas. Civilistas, cívicos y demócratas, todos se congratulan, comen y beben en cínica y repugnante promiscuidad. Todos convierten su cerebro en una prolongación del tubo digestivo. Como cerdos escapados de diferentes pocilgas, se juntan amigablemente en la misma espuerta y en el mismo bebedero. Y (ni una sola voz protesta! ¡ni un solo estómago siente asco y náuseas! Y ¡todos comen y beben sin que los manjares les hiedan a muerto, sin que el vino les deje sabor a sangre! Y ¡Piérola mismo preside los ágapes fúnebres y pronuncia los brindis congratulatorios! No valía la pena de clamar 25 años contra el Civilismo, sembrar odios implacables, acaudillar revoluciones sangrientas y cargar el rifle de Montoya, para concluir con perdones mutuos y abrazos fraternales”.

Los Golpes de Estado y levantamientos militares contra los gobiernos, fueron denominados revoluciones en el lenguaje político peruano del siglo XIX. Las revoluciones (Golpe de Estado) se realizaban cuando la ciudadanía rechazaba la corrupción y el nepotismo de un régimen; mejor dicho, la acción prometía ser un acto de “limpieza” del Estado. Pero, más pronto que antes, el “nuevo” régimen terminaba siendo tan corrupto o con casos de nepotismo, como el anterior. Surgió la famosa frase: “cambiaste mocos por babas”. El mejor ejemplo es:
“Con el triunfo de la revolución y la Presidencia de su caudillo, no mejora, pues, la suerte del Perú: lo venido con Piérola vale tanto como lo ido con Cáceres; y se necesita llevar una venda en los ojos o estar embriagado con los vapores del festín, para encontrar alguna diferencia entre la desenfrenada soldadesca que ayer nos impuso al Jefe del Partido Constitucional, y las famélicas hordas de montoneros que hoy nos someten al Jefe del Partido Demócrata. Se continúa la misma tragicomedia, con nuevas comparsas y con los mismos actores principales. Los demócratas poseen tanta conciencia de su inferioridad, que para establecer un Gobierno Provisorio tuvieron que recurrir a la colaboración del Civilismo. ¡En 25 años de preparación y disciplina no alcanzaron a definir sus ideas ni a educar una media docena de hombres capaces de regir los ministerios!”

Este discurso significó la agudización de la relación de conflicto entre Nicolás de Piérola (entonces Presidente de la República) y Manuel González Prada, al punto que los pierolistas amenazaron atacar la casa de González Prada. Inmediatamente, los estudiantes de San Marcos se solidarizaron con el disertador del Discurso de Matavilela. Publicaron una carta pública en el diario La Integridad donde se manifestaron a favor “de la libertad y de cultura”. Entre los firmantes destacan: Manuel A. Maúrtua; Manuel Quimper; Enrique Ego Aguirre; Federico A. Gálvez; José Santos Chiriboga; Alberto Salomón; Horacio Urteaga; Manuel Tueros; entre otros. Los sanmarquinos se movilizaron en defensa de la libertad de opinión y en rechazo a la corrupción gubernamental.
Como era costumbre, Manuel González Prada fue un crítico muy duro cuando se trataba de denunciar los actos de corrupción y aprovechamiento político de los gobernantes; pero, también fue muy irónico, por ello a Piérola lo rebautizó como “Perinola” ** y le hizo un poema cuyos primeros versos dicen:
“Se imagina un Napoleón
El Enano Perinola,
Si hay quien le juzga un poltrón,
Él se juzga un Napoleón”.
¿Cuántos enanos perinolas tenemos en la política actual?

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.
**Vale indicar que perinola es una peonza (especie de trompo) pequeño que baila al momento de darle cuerda.


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