La prevención del delito mitos y realidades

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Escribe Cesar Ortiz Anderson.- Muchos coincidiremos que la prevención del delito se basa en dos ejes fundamentales la presencia del Estado y multisectorial en el territorio, la generación de obras de infraestructura y la ingeniería social en la población de este territorio.

Muchos otros tratan el tema desde una mirada light, en donde solo se enfocan a labores inconexas, pequeñas inversiones, y trabajo con los jóvenes en forma aislada y sin una mirada holista. Lamentablemente esta segunda mirada es la que predomina en las intervenciones actuales de prevención del delito.

Enfocándonos en lo primero ya hay experiencias dignas de analizar la propuesta del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giulani desde 1993 y en sus dos periodos hasta el 2001, trabajo la recuperación de los espacios públicos, el monitoreo de la actividad criminal, mejores estrategias policiales, y mayor presencia de los sectores sociales de calidad en los barrios de mayor índice de violencia, llevaron a una reducción de la criminalidad en un 57%.

Otra experiencia a resaltar es la ocurrida en Medellín luego de las fuertes olas de violencia tanto en primer lugar de los carteles uno de ellos el de pablo escobar, de las FARC y de las fuerza paramilitares se enfrentó a una escalada de violencia sin precedentes en las colonias de esta ciudad, luego de las acciones de fuerza extrema como las operaciones de la Mariscala y la operación Orión, se ha trabajado mucho en la infraestructura de la ciudad, y en la recuperación del tejido social encontrando también resultados dignos de resaltar.

No obstante, y se debe destacar además que parten desde esfuerzos locales, es decir desde las alcaldías.

En ambos casos con diferentes niveles de intensidad se recurrió primero a recuperar el espacio público a través de las fuerzas del orden, este tema tan discutido y controversial, como se ve en el caso de Brasil y la militarización policial para el caso de la favelas de Rio de Janeiro, pone en la mesa dos realidades la primera es que un territorio ya copado y tomado por el crimen organizado requiere de la intervención rigurosa de la fuerza pública, pero esta debe tener claro los límites, ya que se debe dar cumplimiento de los derechos humanos de los ciudadanos, de la seguridad del ciudadano común que habita en estos territorios, con el objeto de mitigar los posibles costos sociales de la intervención, pero sobre todo para no deslegitimizar la intervención que es necesaria.

Pero planificar intervenciones de represión en un territorio sin tener en cuenta las variables de presencia del estado, recuperación de los espacios públicos, de la reingeniería social, sería un craso error, ya que solo se tratarían de enfrentamientos, que aun tomando el territorio no serían sostenibles, y que en el tiempo no se podría mantener la recuperación del orden público en las comunidades intervenidas, el crimen organizado no va a ser eliminado, y es una realidad puede cambiar, reducirse o trasladarse mas no eliminarse, esto requiere de las demás intervenciones planteadas. Mas también serie ingenuo iniciar una recuperación del espacio público sin la intervención de las fuerzas del orden, de la captura y castigo de los referentes del crimen organizado en ese territorio.

Cuando hablamos de presencia del estado en un territorio ya gobernado por el crimen organizado, hablamos de una intervención social profunda e intersectorial, se requiere de buenas escuelas, buenos centros de salud, de transporte, mejora de la vivienda, entre otras acciones y actores relevantes. Esto trae consigo resolver la articulación intersectorial entre los diversos actores, programar inversiones en estas áreas y es evidente también la articulación entre los esfuerzos sectoriales y los esfuerzos locales que aportan también en los mismos ejes y apoyan con recursos de la ciudad. Alinear las agendas públicas es un reto que permitiría la transversalidad en solucionar y/o mitigar los temas de seguridad ciudadana.

Se deben diagnosticar bien los problemas colaterales ocasionados por la toma del territorio por parte del crimen organizado como parte del paquete de servicios a ofrecer en el territorio a los ciudadanos, por lo general muchos de ellos son invisibilizados como el consumo y micro comercialización de drogas, el empleo de los jóvenes para actividades criminales como el sicariato, la extorsión u otros delitos, el trabajo con los jóvenes como veremos más adelante es crucial, si ellos no ven un futuro diferente, sino se crean condiciones para generarles oportunidades reales, es sumamente difícil que puedan optar por un cambio en sus vidas, siempre la trasgresión de la Ley les ofrecerá un camino más fácil y de mayores recursos, sin una alternativa real de futuro será prácticamente imposible que opten por un camino diferente.

Otros factores no ocasionados por el crimen pero que les facilita su accionar son: La tugurizacion, el crecimiento desordenado de las ciudades no ha contribuido en absoluto a mejorar la seguridad de las ciudades, lo antes mencionado ha generado falta de propiedad o titulación de las viviendas, autoconstrucción y precariedad, falta de acceso a los servicios públicos básicos de calidad, falta e incluso inexistencia de áreas recreativas o espacios públicos para los ciudadanos, una mayor posibilidad de conseguir armas de fuego, un incremento en el consumo de alcohol y drogas, una violencia familiar siempre en alza, un mal ejemplo de Corrupción e Impunidad en Políticos y Autoridades, en general estos territorios carecen de la posibilidad del libre tránsito y del uso irrestricto del espacio por los ciudadanos de este territorio. Esto favorece el accionar delictivo. Nunca debemos cometer el error de justificar la violencia en la pobreza ya que es falso no es la pobreza sino los factores mencionados los generan una inapropiada posibilidad de una cultura de legalidad y de una visión de un futuro mejor y diferente en estas poblaciones.

Regresando a la presencia del Estado no se puede pretender dar las peores escuelas, centros de salud, falta de acceso a la justicia, buenas dependencias policiales, servicios públicos, entre otros, en los territorios de alta violencia, esto perpetuarían las condiciones de inequidad, de falta de oportunidades y serían las condiciones que espera el crimen organizado para ser dueños del territorio, estas inversiones deben ser realizadas y sostenibles.

Se deben acompañar de obras de infraestructura social de recuperación de espacios públicos, de viabilidad, transporte, mejora de la vivienda se constituyen en gatilladores para realizar los cambios sociales, generan inclusión y es claro que no son gratuitos, facilita las acciones concurrentes y posteriores del trabajo en el tejido social. Estas obras nos ayudan a ganar nuevamente las calles, pero hace falta la acción colectiva.

Por ende todos los cambios antes referidos deben tener un componente muy importante de comunicación social, de creación de una cultura social diferente, de la participación permanente de la comunidad, del empoderamiento respecto de las diferentes acciones emprendidas, en el entender profundamente que una cultura de legalidad y una participación de los ciudadanos en las diferentes iniciativas son la base de un cambio, sobre todo para sus hijos, y para el futuro del territorio intervenido, la generación de esta visión debe crear una muy fuerte demanda social, que será quien a la postre genere la sostenibilidad de las acciones, en forma independiente de la escasa sostenibilidad de las instituciones, ya las miradas de arriba hacia abajo, o debajo hacia arriba en materia de prevención del delito terminan siendo anacrónicas, hoy debemos tener ambas miradas pero con el centro de toma de decisiones asistidas por parte de la colectividad de los ciudadanos, una tarea inexorable es la apropiación mayoritaria de las acciones a emprender en los territorios.

La conjunción de acciones descritas permitiría una visión colectiva diferente, esta construcción colectiva debe estar orientada a los resultados e impactos en el crimen, es necesario flujos de información permanentes multidireccionales, se requiere un clima de confianza, de una visión de un futuro mejor, de la creación de símbolos positivos en los territorios, así se cran incentivos de las partes y beneficios mutuos, así se va liberando los territorios ya tomados por el crimen organizado, mas hay que entender que es un proceso, hay que entender que el crimen organizado no va a ceder, pero una colectividad convencida y empoderada es más fuerte que el propio crimen, si les damos las condiciones y herramientas.

Finalmente dentro de las acciones de prevención en los jóvenes, muchas ayudan, pero se deben priorizar aquellas que pueden realmente darles un futuro diferente al actual, y es más bien ahí donde pululan ofertas que solo ocupan los espacios libres pero no les dan la oportunidad de un futuro diferente.

Veamos que pasa en nuestros territorios, de seguro encontraremos que aún hay mucho por hacer, estamos frente a un fenómeno multicausal y la respuesta del Estado tiene que ser transversal, Integral y Articulada.

Cesar Ortiz Anderson
Presidente de Aprosec
www.aprosec.org
Cel.:999316197 / 998160756
Fan Page: Aprosec-PERU


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