Lima: Caos vehicular y robos en la Av. Grau

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Augusto Lostaunau Moscol *

El caos vehicular y los asaltos son cosas de todos los días que los habitantes de Lima debemos sufrir o enfrentar día a día. Lo que llama la atención es la facilidad que existe para que se produzca un robo. En algunos casos, los ladrones aprovechan que los transeúntes se encuentras concentrados en sus problemas personales; en otros, simplemente se lanzan como animales sobre sus víctimas indefensas.

En la avenida Grau (esa que ahora huachafescamente llaman Vía Expresa Grau), las cosas son dignas de un cuento de terror. De lunes a viernes, desde las 6pm el tráfico vehicular público (ese que circula en la parte baja de la avenida) se vuelve insoportable. Hasta los puentes Manco Capac e Iquitos, los vehículos avanzan con cierta normalidad (lo cual es un eufemismo); pero, desde ese punto hasta la Plaza Grau, se debe soportar estoicamente hasta una hora para avanzar tres cuadras. Los pasajeros, desesperados, deciden bajar y caminar por entre los buses y combis. A nadie le importa. Ese es el momento en que los escapistas aprovechan para arranchar los teléfonos celulares a los despistados que conversan con las ventanas abiertas. Y todo ocurre a vista y paciencia de la ciudadanía. Los delincuentes corren entre la multitud que sólo mira sorprendida la facilidad –y desfachatez- del delito.

Y sucede todos los días. ¿Y la policía? ¿Y el serenazgo? Por el contrario, dicho tráfico de una hora para avanzar tres cuadras es ocasionado por la propia Policía Nacional del Perú. En el cruce entre Grau y Paseo de los Héroes Navales, la Policía de Tránsito se olvida del respeto a los colores del semáforo y, lo único que hace es aumentar el caos. Durante 15 minutos permite que los autos circulen entre Héroes Navales y Paseo de la República. Los colores del semáforo cambian y a la policía parece no importarle. No permite que avance el transporte público. En una suerte de discriminación y marginalidad, los pasajeros del transporte público son burlados en sus derechos. La policía permite que sólo circulen los autos particulares.

Entonces, los pasajeros de buses y combis se desesperan. Deben ir a trabajar. Deben ir a estudiar. Se bajan de las unidades y el caos aumenta. En medio de la tormenta, los delincuentes aprovechan y hacen de las suyas. Bueno, es un decir porque en realidad hacen que todo lo ajeno sea suyo.

Corren llevándose un celular. Corren llevándose una cartera. Corren llevándose un reloj. Mejor dicho, corren llevándose lo que les guste. ¿Y la policía? Por increíble que parezca se ha convertido en la principal aliada de la delincuencia, el caos, los asaltos y robos.

¿Quién es el responsable de parar el tránsito público durante una hora? ¿Cuál es el criterio técnico para sólo permitir que avancen los autos particulares perjudicando a los pasajeros? ¿Los usuarios del transporte público no tienen derechos? Esta demás mencionar al alcalde de Lima. Porque Lima es una ciudad sin autoridades. A nadie le importa lo que pasa en Lima.

Y, ahora que estamos ad portas de iniciar una nueva campaña electoral, seguro que serán muchos los candidatos que prometerán solucionar el problema. Aunque, en realidad, no les interesa. Porque para las “autoridades” en Lima no existen retenciones. Ellos, muy lindos y hermosos, viajan en autos con lunas polarizadas mientras una moto de la policía hace a un lado a cualquier auto.

El actual ¿alcalde? declaró alguna vez sobre los “semáforos inteligentes”. Utilizó tremendo nombre para indicar aquellos semáforos cronometrados. Pero, resulta muy increíble, contradictorio, irónico y jocoso que una ciudad como Lima tenga “semáforos inteligentes” mientras es gobernada por un alcalde de inteligencia nula.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

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