El caos en Lima y la última tradición popular de la ciudad

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Augusto Lostaunau Moscol *
“La procesión tiene una ruta que es siempre la misma. La sigue desde hace muchos años. Y apenas si hace en ellas la alteración de suprimir la entrada en una iglesia. La ruta de la procesión abarca aproximadamente toda la ciudad antigua”.
José Carlos Mariátegui

En 1916, el joven periodista moqueguano José Carlos Mariátegui escribió su texto titulado La Procesión Tradicional. En ese breve escrito reconoció algunas de las características más importantes de tan importante acontecimiento que ha marcado la ciudad después de la Guerra contra Chile. Mariátegui reconoció que la procesión es tan tradicional que altera muy poco su recorrido. Año a año es casi el mismo. Prácticamente se repite con muy pocas variaciones. Algunas veces entra a La Victoria y otros años a Breña. Visita el Hospital del Niño o el Hospital Obrero. Los limeños conocen de memoria el recorrido. Los habitantes de Lima esperan octubre para volcarse al centro de la ciudad. Lima se llena de valse criollo, turrones, marines, pisco, anticuchos, picarones y turistas. Es el milagro económico que esperan los vendedores ambulantes para “asegurar la navidad pues hijito” (me dijo una vendedora de estampas religiosas).

Pero, parece que todos no saben esto. El primero en no “saberlo” es el alcalde de la ciudad. El tránsito estaba muy lento. Casi como siempre. Un miembro del serenazgo de Lima sostenía que “es culpa de la procesión”; una orientadora del corredor Tacna-Arequipa decía lo mismo: “la culpa es de la procesión”. ¿Han sido instruidos para proclamar tamaña mentira? ¿Les han indicado que culpen a la procesión? Dos pueden ser coincidencia, pero tres o cuatro no. En el Paseo Colón otro hombrecito de amarillo decía lo mismo

Deben saber que el único culpable de esto es el alcalde de Lima. Su incapacidad es espantosa. Asusta ver a un individuo tan inepto en el poder. La ruta de la procesión es elaborada casi seis meses antes. Se conversa con las autoridades. ¿No han elaborado un plan especial para esos días? ¿No se han programado desvíos y cierres de calles con la Policía nacional del Perú? ¿No coordinan con el Gobierno Central? Es sabido por muchos que el actual alcalde es un ferviente opositor a esta tradición. En algún momento se dijo que los domingos debería ser el recorrido para evitar cortar el tráfico.

Como todos sabemos, La procesión del Señor de los Milagros sólo sale cinco veces en el mes de octubre. Su primer recorrido es el primer sábado del mes: luego, el 18; 19 y 28 recorre las calles de la vieja Lima; finalmente, el 1ro de noviembre (feriado) hace su último recorrido. Esto lleva más de un siglo. ¿No lo sabe el alcalde de Lima? ¿No conoce la principal –y última- gran tradición de la localidad? ¿Cómo puede ser alcalde un individuo que no sabe nada de la ciudad? O ¿No desea que se realice la procesión?

José Carlos Mariátegui señaló que:
“Lentamente llegó por fin la procesión. Su paso es moroso y tardo. La solemnidad es siempre majestuosa y sonora. No es posible concebirla apresurada e inquieta. Tiene la gravedad del gesto con que el sacerdote bendice en la misa a los cristianos y hace asperges en la mañana del miércoles de ceniza…Acompasaba el paso de la procesión una marcha de una banda militar. La marcha era marcial y soberbia. Pero, al influjo de la decoración, se hacía religiosa y litúrgica. Y se hacía especialmente triste. Sonaba en cada acorde un latido lleno de melancolía”.

Esa es otra característica de la procesión. Es lenta. Muy lenta. Muy solemne. Y la lentitud va acompañada de una banda de músicos que al tocar marchas procesionales (marchas fúnebres) hacen que la lentitud se convierta en la tradición. Nadie imagina una procesión rápida. ¿El alcalde si? Nadie se imagina una procesión con música de moda ¿El alcalde si?

La Procesión del Señor de los Milagros ha dejado de ser sólo una tradición religiosa. Hoy es la tradición de toda la ciudad. Le pertenece a los creyentes y a los no creyentes. Muchos van para implorar perdón. Otros van a solicitar un milagro. Y otros a comer anticuchos y escuchar valse criollo.

En la ciudad de las “varias Limas” que no se conocen. En las “varias Limas” que viven alejadas entre sí; la procesión permite que todos se concentren en el Centro Histórico. Muchos niños quedan maravillados con los balcones. Con las construcciones. Muchos jóvenes declaran su amor en la procesión. Los amigos se encuentran. Las familias se reúnen. El ciudadano limeño se reencuentra con sus tradiciones.

Parece que el alcalde odia la ciudad. El alcalde odia Lima. No quiere su progreso y desarrollo. La quiere ver hundida en el caos. En la inseguridad. En la violencia.

En 1915 el genial Abraham Valdelomar escribió Entrevista al Señor de los Milagros, texto donde hace la siguiente descripción:
“Me dirijo a la Encarnación. La multitud se va deteniendo en la plazoleta como la empalizada de una remanso ante un tronco viejo. Esta humanidad mestiza y creyente comienza a hervir como una paila de miel de chancaca. El incienso, a manera de vapor, envuelve en su azul diafanidad los balcones circundantes, y atraviesa la enorme parrilla de los hilos eléctricos. Sobre la morada masa, entre la nube perfumada, revolotean, haciendo coronas, las palomas castas. En las manos de chivillas octogenarias, sahumadores de filigrana de plata realizan el espiritual prodigio de echar humo perfumado bajo las plumas de la cola. La multitud llena de trajes morados lilas, azules y negros, parece un crepúsculo hecho pedazos. Una cara negra, gorda grande, grasosa y femenina, mira arrobada los pendones. Un negrito sopla un sahumador; tal el demonio atizando una hoguera. Vense con profusión, mesas de vivanderas, balaes de bizcochos cabezones como niños recién nacidos, jarrones de chicha. Fraternizan en el ambiente el perfume divino del incienso y el criollo olor de anticuchos. Dos señoritas “que no son menos que nadie” cuchichean en voz baja. Los turroneros imponen su mal castellano sobre las voces breves de la multitud. Jóvenes “decentes” cuyos zapatos de cañas claras testifican la nacional preocupación de los pies, dicen piropos. Un grupo de periodistas comenta y recoge impresiones. Hablan del “olor de siglos”, el “perfume del pasado”, “la amable tradición”, “la pompa magnífica de los días idos”, de “la Perricholi”, de los turrones… El pasado -dice uno- es esto: unos negros cabezones vestidos de morado, unos cánticos, un cuadro al óleo, un olor de sahumerio y de jornada cívica y los turrones…”

Mejor descripción de la tradición. Me hace recordar el hermoso cuadro de Camilo Blas sobre la procesión. Negros, blancos, cobrizos, vendedoras de anticuchos. La tradición desborda. Sólo un individuo con una venda en los ojos no la puede ver. Sólo un individuo que odie la ciudad la quiere desaparecer.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

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