De Prementiras a Postverdades: redes sociales y elecciones en el Perú de hoy

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Augusto Lostaunau Moscol *

“Qué fácil es generar polémica con la duda y la mentira en estos tiempos. Hay algunos que son especialistas”.
Sara Usó Alía

El prestigioso Carlos Lareau ha realizado la siguiente descripción de un “hecho” ¿fortuito? que de alguna forma trató de relacionarse con Hillary Clinton:
“Edgar Welch decidió investigar el domingo pasado si una pizzería en los suburbios de Washington ocultaba una red de pederastia dirigida por Hillary Clinton. Lo decían las redes sociales. Allí podía haber mazmorras y túneles; incluso algún niño a quien rescatar. Así que se presentó en el establecimiento disparando su fusil de asalto AR-15. Irá a la cárcel por ello…El episodio –que terminó sin víctimas— es estadísticamente inevitable en Estados Unidos, donde circulan 300 millones de armas y donde 13.000 de las 33.000 muertes anuales por disparos son homicidios. Lo que convirtió el incidente en un espectáculo mediático y en un vendaval en las redes fue su coincidencia con el debate nacional sobre las noticias falsas”.

Lo que resulta interesante es que, Edgar Welch actuó siguiendo la información que había ubicado en las redes sociales. Aquel mundo paralelo y “arreal” donde cualquiera sube información que cualquiera puede leer y reenviar a cualquiera. De esta manera, la “información” circula y es aceptada sin ningún criterio de selección del valor de la fuente y del contenido: Hermenéutica le llaman.

Por ello, Lareau plantea que:
“Las informaciones falsas, los fakes, y rumores malintencionados son parte de la dimensión perversa de Internet; la que habilita anónimamente a todo tipo de fanáticos para que diseminen su ira y sus prejuicios. Pero cuando la desinformación la difunden profesionales –servicios secretos, activistas, empresas al servicio de partidos políticos o grandes corporaciones— la Web se transforma en un poderoso instrumento de ingeniería social”.

Así es, cuando la información falsa circula porque quienes la pusieron a circular lo hicieron intencionalmente para generar algún tipo de reacción negativa contra algún personaje o situación, nos encontramos frente a una prementira. Un momento en el desarrollo del hecho que, siendo mentira, se va convirtiendo en una suerte de verdad socialmente aceptada –pese a que la sociedad que la ha aceptado no ha realizado ningún tipo de reflexión crítica sobre la misma-. En este caso, la prementira se nutre de una suerte de prejuicios e ideas previamente elaboradas y difundidas por los medios de comunicación “más serios”. Entonces, cuando la información difundida por canales de comunicación que gozan de cierto prestigio social (lo que no significa necesariamente que ese medio tenga calidad periodística) se encuentra en algún punto con la información tergiversada intencionalmente y difundida en las redes sociales, se forma la prementira. Que, para tener un mayor efecto, se debe ubicar al interior de un proceso de mayor interés. Como un proceso electoral.

En las elecciones de 2016, muchos medios de comunicación autocalificados de ser muy “serios”, de buscar la “verdad” o ser muy “decanos” jugaron un rol muy importante en la formación de un perfil de los candidatos y sus organizaciones. Ellos –los medios-, apostaron por un candidato que les proteja sus intereses y los intereses de las empresas que colocan publicidad en sus negocios periodísticos. Así, la candidata “peligrosa” fue atacada porque “suponían” que con ella el país daría un “giro al pasado”. Mejor dicho, un giro hacia la izquierda. Con lo que eso significa en la actualidad.

De esta manera, fue Verónika Mendoza la candidata que sufrió los mayores ataques de parte de los medios y en las redes sociales. Debido a la conformación propia de la organización que fue el soporte de su candidatura, los medios iniciaron una suerte de “campaña” para hacer “recordar” o “informar” –dependiendo de la edad del votante- sobre todos los daños que realizaron las organizaciones terroristas en el Perú de la década de 1980. Parecía increíble ver los reportajes periodísticos donde se informaba sobre los atentados y asesinatos de Sendero Luminoso, los mismos que eran transmitidos antes o después de un reportaje sobre el Frente Amplio o una entrevista a Verónika Mendoza. Los medios impresos también hicieron lo mismo.

Y el “escándalo” se produjo cuando Verónika Mendoza participó de un acto de conmemoración por Vanguardia Revolucionaria. La prensa señaló que fue una reunión de “terroristas”. Mejor dicho, Verónika Mendoza estaba rodeada de “terroristas”. Así, automáticamente, el Frente Amplio se convirtió en el brazo político de Sendero. La mano que entrega una rosa se convirtió en la mano que pone una dinamita. El temor cundió. Mientras el terror llegó a las redes sociales. “Fotos” de Mendoza con Guzmán. Otra donde los dos están con el puño en alto. Así, todo que saluda con el puño en alto es “terrorista”. Hasta el gato chino que llama la suerte con su puño en alto se convirtió en terruco.

El diario Correo (ver edición virtual) informó que:
“Usuarios de la Facebook difundieron varios videos en los que se observa a la candidata presidencial del Frente Amplio, Verónika Mendoza, participando en una reunión en la que se habla de Sendero Luminoso, lo cual viene generando críticas a la aspirante al sillón presidencial en estas elecciones 2016…El encuentro corresponde a los 50 años de Vanguardia Revolucionaria donde personajes como el sociólogo Antonio Zapata, Hugo Blanco, Ricardo Letts y otros, dialogan no sólo respecto a la agrupación Sendero Luminoso y los asesinatos que cometió sino que recuerdan a algunos de sus ex camaradas de la izquierda que se fueron con la agrupación terrorista”.

Resulta interesante que el diario inicie su nota sobre tan peligroso evento con “Usuarios de la Facebook difundieron…” Es decir, ¿los periodistas del diario no fueron al evento? ¿No los invitaron? ¿Se realizó en un lugar muy secreto? ¿Quién subió el vídeo fue un espía? ¿Corrió riesgo su vida por estar rodeado de fieros terroristas? Todo un halo de misterio cubre al magno evento. Luego, se indica que por haber hablado de Sendero Luminoso la candidata recibe críticas. Y luego, la coloca junto a “peligrosos” hombres de izquierda como Antonio Zapata, Hugo Blanco y Ricardo Letts. La nota termina aún mucho más “sabrosa”:

“En la reunión se observa el símbolo de la hoz y el martillo junto a una escopeta y una bandera roja; además, Mendoza aparece al lado de dirigentes de la izquierda; así como de Hugo Blanco (político peruano, líder campesino, inicialmente de filiación trotskista). Aunque, posteriormente no se les ha visto juntos”.
Y, cuando se visualiza el vídeo, se puede notar que la “peligrosa bandera roja” no la es; y la hoz y el martillo con el fusil fue el símbolo de Vanguardia Revolucionaria en las décadas de 1960 y 1970.

De esta manera, la prementira juega un papel muy importante en el hecho de demoler candidaturas, personajes u organizaciones. Los ataques fueron feroces. Se pidió que Verónika Mendoza diga “qué hacía en la década de 1980 cuando el terrorismo destruía al Perú”. Seguro que estaba en el colegio. Seguro que el corte de fluido eléctrico no la dejaba repasar el abecedario o el famoso librito con las cuatro operaciones básicas de las matemáticas. Incluso, se le acusó de ser hija de un minero ilegal. Fue una máquina de destruir una candidatura.

El periodista Javier Figueredo ha indicado que:
“Hace años que le escuché a un periodista apellidado Morales que la opinión no creaba opinión, que lo único que ayudaba a que la gente pudiera tener sus propios puntos de vista era proporcionar la mejor información posible, la más contrastada y la que no estuviera manipulada de forma interesada por las partes interesadas en la cuestión”.

Hoy la gran mayoría sabe que toda la información sobre una supuesta relación entre la candidata y los grupos alzados en armas fue mentira. Pero, los hechos ya ocurrieron, entonces le llamamos postverdad.

Debemos ser conscientes de esto porque estamos ad portas de un nuevo proceso electoral donde muchos se jugarán mucho. Por ello lo de impedir que los movimientos regionales, provinciales y distritales participen. Estemos atentos a las prementiras que ya se están armando para evitar luego las post verdades. Es decir, para no seguir llorando sobre leche derramada. Los medios van a jugar un rol muy importante, otra vez.

Por ello, Figueredo sentencia que:
“No andaba desacertado aquel periodista porque, salvo excepciones, la gente va buscando en cada columna de opinión o en cada editorial la munición para poder afianzar sus posiciones iniciales y casi siempre se pasa de largo de aquellos autores que presuponemos que van a decir lo contrario de lo que pensamos. Como parece que esta es una costumbre demasiado arraigada en nuestros comportamientos y no estamos dispuestos a escuchar las razones del contrario, al menos deberíamos esforzarnos en conseguir una información de calidad que nos permita ser muy libres a la hora de decantarnos por aquello que más nos guste o que esté más cercano a nuestros principios”.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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