Corrupción en el Perú de hoy: Postverdad o Postmentira

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Augusto Lostaunau Moscol *

“No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa
y que mi insomnio cruja como un hueso
y el subjefe y el jefe de policía lloren
como un sauce y un cocodrilo respectivamente”
Mario Benedetti

Mucho se ha escrito sobre la postverdad, pero Matías Vallés ha señalado que:
“La postverdad es una acuñación engañosa, porque presupone vanidosamente que hubo una época en que imperó la verdad a secas. Esos tiempos edénicos se corresponden de manera accidental con la preeminencia de quienes hoy denuncian el ocaso de la veracidad, por lo que su pretensión pasa de evidencia a coartada”.

Lo cual es cierto. Cada cierto tiempo se pone de “moda” escribir y debatir sobre un tema específico. Un aspecto de la realidad que es elevado al nivel de “mayor importancia” para el país. Y, en los últimos meses el tema de la corrupción ha ocupado la primera plana del debate político, periodístico y académico. Aunque, algunos personajes y medios de comunicación han tratado de opacar (ocultar tras una cortina) las denuncias de corrupción, destacando la situación en Venezuela, la Huelga Magisterial, los resultados de la selección de futbol, la excarcelación –por condena cumplida- de la bailarina Maritza Garrido-Lecca y la censura al Gabinete Zavala. Es decir, cualquier noticia es elevada al nivel de primera plana con tal de tapar la realidad. Aunque, eso no es la postmentira.

La corrupción es el mejor ejemplo para tratar el tema de postverdad o postmentira. Las denuncias por el Caso Odebrecht han invadido las instancias judiciales de todo el continente. Los acusados están en todos los países. Los acusados son principalmente políticos y empresarios. En Brasil muchos están presos. Igual en Ecuador, Argentina y Panamá. En Perú la cosa es muy diferente. Muchos de los que denuncian la existencia de corrupción la han encapsulado en los últimos 27 años. La gran prueba que demostraría que la corrupción en el Perú recién inició en 1990, son los llamados vladivídeos. De esa manera –y desde la postverdad- los gobernantes antes de esa fecha “no serían corruptos”. El Perú antes de 1990 habría sido un país sin casos de corrupción. Esa visión de tiempos edénicos es falsa. Forma parte de la postmentira.

Para Matías Vallés:
“El criminal intenta colarle su cadáver a un asesino en serie, un viejo asunto de la novela negra. La atribución viene facilitada cuando el psicópata suspira por amontonar víctimas y jamás desmentirá una acusación suplementaria. Por tanto, el mundo no se ha instalado en la postverdad, sino en la postmentira. No se abandona una situación paradisiaca, se ahonda sin complejos en el lodazal…”

Así es, muchos de los que denuncian –a gritos- sobre la existencia de la corrupción en el Perú, tratan de incluir casos de corrupción anteriores, entre los ocurridos –y conocidos- desde 1990. Tratan de traficar la verdad. Es por ello que, mientras los casos de corrupción ocurridos entre el 2011 al 2016 han determinado la prisión preventiva de un ex presidente junto a la ex primera dama; los casos de corrupción ocurridos entre el 2006 y 2011 sólo han significado la prisión preventiva de funcionarios de mando medio. No han alcanzado al ex presidente. ¿Cómo se hace para llegar a esa situación de privilegio? No es sólo porque muchos militantes y simpatizantes del partido político del dos veces ex presidente hayan copado el Poder Judicial; sino también, porque medios de comunicación, periodistas e intelectuales (amigos, simpatizantes, militantes y convenidos) cercanos al dos veces ex presidente, han hecho su parte. Nos transmiten siempre las mismas imágenes: los vladivídeos. Se ocultan las denuncias de corrupción anteriores. Se han borrado de los archivos. Son delitos que se busca prescribir de la memoria popular. Y algunos historiadores –y seudo historiadores- les escriben las actas y sentencias favorables.

Es por ello que, durante el debate electoral de las elecciones del 2016, cuando el ex candidato Fernando Olivera realizó un acto de memoria popular. El dos veces ex presidente quedó muy por debajo de las expectativas de sus partidarios y sus eventuales socios. Sin la participación directa del JNE, en este momento el ex dos veces presidente estaría –junto a sus eventuales socios- juntando firmas en las calles. Con planillones en mano. También con sus bolsas de galletas y gaseosas a cambio de una firma. Lidia Rodríguez ha indicado que:
“Enroscarse en una mentira, ocultar información o no saber asumir un error una vez cometido no soluciona el problema inicial, sino que te deja en evidencia. Pese a que vivamos rodeados de mentiras, debemos saber que, aunque una mentira se repita mil veces, no se convierte en verdad”.

Y eso sucedió. Los que gobernaron el Perú entre 1985 y 1990 no se pueden enroscar, no se pueden atornillar en una “verdad” dando mil vueltas. Porque siempre existirá el momento en que la situación cambie en contra de ellos. Aquí no funciona lo de “miente, miente que algo quedará”; por el contrario, con la postmentira se descubre que “miente, miente que todos sabrán la verdad”. Porque en el Perú, la historia de la corrupción nos lleva a tiempos de la colonia.

María Blasco ha determinado que:
“La ciencia nos enseña a defendernos de las mentiras, de los datos falsos, de las manipulaciones y, en definitiva, de las tinieblas. La luz del conocimiento, y lo que es aún más importante, el reconocer que no sabemos todo y que tenemos que seguir haciéndonos preguntas y seguir buscando respuestas, es lo que ha hecho que avance la humanidad por el camino más justo e igualitario”.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

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