¿Quién ganó realmente la ‪#‎CADE2015‬?

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Escribe Alfonso Baella Herrera.- CADE 2015 tuvo una máxima cobertura informativa. Muchos medios escritos, televisivos y radiales transmitieron en vivo despachos todo el día. El canal por cable Willax TV transmitió todo el evento en el momento mismo en que ocurrían las presentaciones en Ica. Este canal tiene más de 150 estaciones de cable en todo el Perú que repiten su señal y llega a más de 180 ciudades importantes en todo el país. Además la CADE implementó un canal de video streamming, vía internet, donde podía seguirse la transmisión desde cualquier computadora o Tablet. RPP transmitió en vivo todas las presentaciones y otras radios hicieron lo propio. Las redes sociales donde hay más de 14 millones de usuarios en Facebook y 3 millones en Twitter, solo en el Perú, tuvieron entre sus tendencias principales los temas, expositores y el recurrente hashtag #CADE2015. Lo que se dijo en CADE no quedó en CADE, se multiplicó muchas veces más allá y llamó la atención e indujo a la reflexión a muchos peruanos. Desde el punto de vista de la cobertura mediática los organizadores, dirigidos por Elena Conterno, también se apuntaron un rotundo éxito.

Lo que se dijo durante el miércoles y jueves fue valioso porque permitió confirmar los consensos, las urgencias y lo importante de estar informados. El viernes electoral ha tenido para todos los gustos.
Creo que César Acuña es uno de los candidatos, a la fecha, más impredecibles de los cinco que se presentaron. Su propia campaña presidencial, iniciada con 5 años de antelación usando recursos de las universidades que ha creado, es una muestra del poco respeto por las formas y las instituciones.

Pero Acuña es más que “plata como cancha”; y ya es un personaje que surgiendo de la micro política provinciana aprende y se consolida hasta catapultarse a la gran política nacional. En las últimas semanas hemos sido testigos de revelaciones que, en cualquier otra persona o candidato, podrían haber sido su epitafio político pero a él parecen haberle servido para mostrar un gruesa piel que sirve como teflón donde todo revota y nada causa daño.

Ni siquiera el intento de defensa de Humberto Lay –recientemente estrenado socio político- que dejó más dudas que certezas -cuando dijo que seducir a una menor de edad, siendo Acuña un nombre de 33 años, para posteriormente embarazarla, era un error- parece haber hecho mella. Tampoco los episodios de violencia con su esposa y madre de sus hijos. En general, Acuña avanza en esta contienda electoral como lo ha hecho antes en otras campañas, pero esta vez con una diferencia: lo escucha una buena parte del Perú.

Mi impresión es que Acuña, en su papel, en su rol y en su interpretación quizá fue el que mejor desempeño político tuvo. La lectura de su discurso -por momentos vergonzosa para un candidato presidencial, cargado de títulos universitarios y rector de varias universidades- no estuvo dirigida a los presentes sino a los ausentes. Más importante que los gerentes o representantes de la denominada élite nacional, Acuña advirtió que lo que iba a decir y, sobre todo, el cómo lo iba a hacer sería recibido por millones fuera del recinto cadeista. Es posible que su estilo haya generado empatía y simpatía a un importante y numeroso segmento de electores. Ni la pregunta de Cecilia Valenzuela, sobre lo aparentemente poco competitivas que son sus universidades causó el menor traspié. Acuña más bien respondió poniendo como ejemplo de su calidad educativa que una egresada de la Universidad César Vallejo, UCV, trabaja en la NASA. En efecto, Aracelli Quispe Neira, egresada de la facultad de Ingeniería de Sistemas de la UCV, natural del caserío de Marripón, en Lambayeque, forma parte de la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), y se dedica a comandar y planificar actividades diarias. Nada menos.

Si alguien ve como un rival serio a Acuña –más que como una anécdota- deberá descubrir si lo que cuenta en su historia es cierto; si los orígenes de su éxito económico son reales y si lo que promete en campaña para el país tiene algún asidero. Lo menos serio es tomarlo a la broma porque si hay alguien de una raza distinta a los que fueron a la CADE es Acuña; pero su raza es igual a la de millones de peruanos que pueden sentirse representados por él y pueden darle su espaldarazo electoral.

La encuesta entre los asistentes a la CADE puso a PPK en el primer lugar con 84% y a Acuña apenas con 8% de aprobación. No se si alguna vez, en la historia del Perú, la aprobación pública del empresariado ha ayudado a ganar una elección. De cualquier forma lo peor que podría ocurrir es que alguien piense seriamente que el ambiente optimista de una reunión de dos días y medio puede extrapolarse a lo que sienten millones de peruanos sin agua, sin hospitales, sin escuelas, sin carreteras, sin estado y en medio de una ola de delincuencia sin parangón en nuestra historia.

Dicho esto las presentaciones de los candidatos dejan, en general, la sensación que, después de cuatro años y medio de experimentos, hay consensos. Quizá el más importante sea el de poner en movimiento la economía destrabando –sobre todo las mentes de los funcionarios ministeriales- los proyectos paralizados. Hay decenas de miles de millones de dólares esperando decisiones de funcionarios que simplemente se mueren de miedo o dependen de ministros que no quieren hacerse ningún problema. La educación, la salud, la infraestructura y las reformas laborales o de la carrera pública estuvieron presentes desde diversos ángulos. La lucha contra la corrupción, uno de los males más perjudiciales para nuestro crecimiento, fue igualmente mencionada. La reforma institucional tuvo poco eco en las propuestas electorales pero no hay duda que el éxito del próximo gobierno dependerá que la reforma de los partidos, del parlamento y de la Ley Servir, por citar sólo algunas, se impulse con convicción desde el discurso inaugural.

En el orden en que se presentaron diremos que Alejandro Toledo fue un conjunto de generalidades que con voz encolada parecía traer al presente al hombre de la vincha del 2001. Keiko Fujimori, pareció lo que es; una aplicada administradora de empresas, con una maestría en Estados Unidos, que busca hacer política sobre el apellido que hizo su padre. Estructuró un mensaje para el auditorio y aunque lució, por momentos, nerviosa, dejó claro que sabe hacer su tarea. César Acuña se abstrajo del auditorio. Su estilo -para la mayoría de los mil asistentes- inaceptable por los errores de dicción y lectura, lo ponen más cerca de los millones que no fueron. Alan García, el más experimentado de todos, habló sin papel y derrochó cifras e ideas aunque evidenció falta de un gancho para con los jóvenes y para los que piensan como jóvenes. Pedro Pablo Kuczynski tosió en exceso pero expuso un programa interesante.

#CADE2015 ha tenido el ingrediente de la multiplicación del mensaje y de su viralización a través de las redes sociales. Los expositores y el eco de sus discursos da para felicitar efusivamente a los organizadores.

El desafío será sin duda la agenda post CADE; en la que deben incorporarse las ideas y el optimismo de los que fueron, vieron y escucharon, con los anhelos y la esperanza de millones que esperan cambios que no pueden posponerse. Ojalá así lo entiendan quienes tomen la posta en los próximos meses.

Fuente: Alfonso Baella Herrera


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