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Escribe Alfonso Baella Herrera.- Luego de 13 años de trabajo frente a la procuraduría y de éxitos notables en la lucha contra la corrupción, Julia Príncipe Trujillo fue despedida por el presidente Ollanta Humala.

Lo que no pudieron las mafias de los corruptos más avezados del país lo hizo quien debería ser el principal interesado en defender la constitución y la nación: el Presidente de la República.

El pretexto ha sido la vulneración de una norma –que nunca usó nadie- que obliga a los procuradores a pedir “permiso” para declarar sobre los temas que están investigando. La razón de fondo es que la procuradora investigaba el caso de las agendas que son presuntamente de Nadine Heredia y que, a raíz de esa investigación, había solicitado que los peritos que harán las pericias grafo técnicas debían ser independientes.

A las pocas horas de destituir a Príncipe Trujillo el ministro de Justicia Gustavo Adrianzen presentó su carta de renuncia, “irrevocable”, al cargo y por lo tanto quedó fuera del ministerio justo cuando la oposición ya tenía las firmas suficientes para la censura. La impresión es que la única razón que tuvo el ministro para quedarse era para perpetrar esta barbaridad.

En la práctica el presidente despidió a quien molestaba a su esposa, dándole “las gracias por los servicios prestados a la nación” y para tal fin no le importó siquiera vulnerar el honor de la magistrada haciendo que el ministro la acuse de “favorecer” a su ex esposo, de quien está separada desde el 2001. El ministro acusó a la procuradora de oscuros manejos en una investigación por lavado de activos en relación a su ex cónyuge. Olvidó que la misma había sido archivada hacía tiempo. Este “argumento”, curiosamente, fue usado para calumniar a la procuradora por los medios que pertenecían a redes de corrupción.

El efecto de este despropósito presidencial ha sido inmediato. La destitución de Príncipe Trujillo ha servido de catalizador y las redes sociales, instantáneamente, han mostrado la indignación de cientos de miles de ciudadanos. El rechazo ha sido unánime, contundente y radical. Este Miércoles a las 5 pm en la Plaza San Martín se ha convocado, vía redes, una movilización de protesta. Es la expresión de la indignación.

Nadine Heredia ha quedado en evidencia. Su fijación y su obsesión por cualquier mujer que compita con ella ha sido una constante. Allí están, como ejemplos, Marisol Espinoza y Yeni Vilcatoma pero también Patricia Robinson y ahora Julia Príncipe. En todo los casos las acusaciones y las calumnias han generado una singular ola de solidaridad con las damas agredidas por el poder.

Pero no todo está dicho. El Tribunal Constitucional ha ordenado que la investigación fiscal sobre lavado de activos continúe. Sus miembros de manera unánime así lo decidieron. Hay una luz que se abre en el horizonte. Quizá estemos despertando de un largo sueño de pensar que la democracia no cuesta o puede consolidarse por si sola. Tenemos que ser firmes, claros y contundentes. Hay que decirle no, definitivamente no, a la corrupción.

Fuente: Alfonso Baella Herrera


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