El proceso político que Nadine parece perder

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alfonsoEscribe Alfonso Baella Herrera.- Dos son los procesos que corren en paralelo a partir de las diversas acusaciones y evidencias que se han conocido y que echan sombras sobre la honestidad de la primera dama, Nadine Heredia.

El jurídico y el político. El primero está en veremos pero el segundo, sin duda, lo viene perdiendo por goleada y nada hace prever un cambio en el curso de final trágico.
En el proceso jurídico, como bien sabemos, hay una investigación por lavado de activos y otra por el caso Antalsis donde se le vincula con Martín Belaúnde Lossio. El proceso de lavado de activos es el que ha recibido las “nuevas pruebas” que, según la procuradora Príncipe Trujillo, ameritan pericias para determinar su valor dentro de un futuro proceso. El carril judicial, como vemos, podrá tomar aún varios meses en los que se actuarán diversas pruebas y los abogados de la primera dama, previsiblemente, apelaran a todas las maniobras dilatorias para alargar las investigaciones que eviten la formulación de una acusación fiscal y un posterior juicio.

Roy Gates, abogado de Heredia, debe lidiar con la personalidad nada fácil de su clienta que cambia de posición diariamente: primero dijo que ninguna de sus agendas había desaparecido, luego que las robaron junto a fotos y otros documentos de su casa –reconociendo que sí son suyas- y finalmente que no las reconoce. Gates tampoco la tiene fácil y no se libra de las suspicacias luego de su aparición en la última carátula de Caretas junto a quienes fueron sus clientes los Sánchez Paredes.

Pero el proceso político sí está complicado. Las diversas posturas de Heredia, enfrentando las acusaciones sobre su relación con Martín Belaúnde Lossio, su intento de victimización ante la comisión investigadora en el congreso, los gastos con la tarjeta adicional de su amiga Rocío Calderón, los extraños emails con su cuñada Ivoska Seiffert Humala, donde esta da la impresión de darle cuenta de movimientos de fondos en Suiza y, ahora, las agendas en las que podría comprobarse un millonario manejo de fondos ilegales, más parecido a un lavado de activos, han calado en una buena parte de la opinión pública. Hay muchas más dudas que antes y comienza a instalarse, en el imaginario, el estigma de “corrupta”.

Pero Heredia ha cometido y sigue cometiendo errores. El más importante es, sin duda, su incapacidad de reacción adecuada. Lenta, por momentos, como en el caso de MBL, Antálsis y los gastos con su amiga Calderón, o apresurada, como el último domingo por el reportaje de las agendas. Esa llamada telefónica a Rossana Cueva, la periodista de Panorama, la misma noche de la transmisión del programa, sumada a sus varios tuits reactivos durante el programa, sólo dejaron ver nerviosismo y contradicciones.

Si la encuesta de Ipsos Perú, del último domingo, mostraba a Keiko Fujimori como líder de la oposición, Heredia con el señalamiento de García como el responsable del “agendagate” lo vuelve a fijar en el imaginario como “él” líder. Si García pasa a la segunda vuelta, será también y en buena cuenta por los errores que en beneficio de él han cometido Ollanta y sobre todo, Nadine Heredia.

Pero la derrota política de Heredia es aún más evidente. No hay ningún ministro que la haya salido a defender. Ninguno ha querido comprarse el pleito político. En el congreso -salvo sus últimos escuderos, Gutiérrez, Gamarra, Jara, Tévez, Carrillo, Solórzano- parece que la han dejado a su suerte. Sus aliados políticos brillan por su silencio. Ni una palabra de Toledo ni su esposa, nada de Mario Vargas Llosa que vive su romance en New York y, en general frialdad y, en ciertos casos, miradas inculpatorias de muchos de los que –en vista de los millones consignados en los manuscritos- se han sentido utilizados. Una ex nacionalista como Esther Saavedra ha dicho, con indignación, ¿Dónde se fue ese dinero?.

La política es una ciencia social compleja y el poder es un objetivo al que se accede de muchas formas. La historia nos muestra que a veces es sólo un error o un capricho del destino, y otras una oportunidad para dar un salto y trascender en la historia. Nadine y Ollanta quizá hayan escrito, con su paso por el poder, el mejor ejemplo de una oportunidad perdida sobre la que no se necesitará pericia alguna para reconocerla.

Fuente: Alfonso Baella Tuesta

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