En busca de un shock de confianza

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alfonsoEscribe Alfonso Baella Herrera.- La irrupción del nuevo estilo del Jefe de Gabinete, Pedro Cateriano, ha creado un saludable espacio para reenfocar el debate en los medios sobre los temas importantes. Hemos pasado de la DINI, Belaúnde Lossio, López Meneses -como temas centrales- a hablar de crecimiento, confianza y seguridad. Por lo menos en la coyuntura actual la oposición política pareciera que prefiere guardar munición para más adelante y dar un mensaje de buena voluntad de forma que el próximo 27 de Abril el Gabinete Cateriano salga, previa exposición de su plan de gobierno, con el voto de investidura. Es bueno que no se haya caído en la provocación presidencial contestando improperios y adjetivos que no vienen al caso.

Pero este armisticio político debería ser la oportunidad para insistir en la generación de confianza como pilar fundamental de un relanzamiento económico. El 0.94% de crecimiento del PBI en el mes de febrero es un mal presagio que se confirma con lo dicho por el Jefe del INEI, Alejandro Vílchez, en el sentido que en lo que va del 2015 apenas crecimos 1.31%. Muy lejos, por cierto, de la proyección del titular del MEF, Alonso Segura, que insiste en 4% para este año.

Todos los analistas señalan que falta velocidad y precisión en el manejo económico, pero sobre todo contundencia en la acción y en el mensaje desde el gobierno. Y lo que pasa en el Valle del Tambo, en Arequipa, confirma la regla en el sentido que Tía María hoy como Conga ayer, no son importantes solamente por los miles de millones de dólares de inversión y canon, sino por el impacto psicológico y sociológico. Cuando inversiones así se concretan hasta el más humilde emolientero recibe el impacto. De la misma forma, cuando se frustran operaciones de esta magnitud el desánimo corre y se instala en la mente de todos.

Por eso el audio de manifestantes antimineros en la zona de Tía María difundido ayer por el portal Lampadia es tan delicado: “Quiero bañarme en una piscina llena de sangre. Sangre de tombo, esa sangre beberemos en vasitos descartables. Sus mujeres violaremos y a sus hijos comeremos”. Y es grave porque las autoridades políticas parecen no reaccionar a la velocidad ni con la efectividad necesarias. Nadie lo ha condenado. El Ministerio Público tampoco parece acusar recibo y quienes deberían bregar por el estado de derecho no reaccionan o más bien temen ante las amenazas y la violencia. La historia de Cajamarca, hoy sumida en la pobreza y el abandono, se repite en un nuevo escenario pero con los mismos actores y bajo el mismo libreto. Nadie parece haber aprendido la terrible lección.

El presidente, la clase política y dirigente del país deben asumir -ahora sí- el rol protagónico que la coyuntura demanda. Ollanta Humala está en la obligación de usar la atracción natural que genera el cargo de primer mandatario para enviar un mensaje inequívoco de respeto al estado de derecho y de defensa de la inversión. Es imposible ponerse de perfil y dejar que triunfe la sinrazón. Si renunciamos a gobernar para las grandes mayorías que quieren más trabajo y aceptamos la dictadura de las minorías violentistas ponemos en riesgo no los resultados del PBI de un año, ni de un gobierno; hipotecamos el presente y el futuro de millones de peruanos.

Necesitamos un shock de confianza y de aliento; y eso pasa por hacer valer la institucionalidad, la seguridad jurídica y garantizar la libertad de todos.

Fuente: Alfonso Baella Herrera

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