Durmiendo con el enemigo

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alfonsoEscribe Alfonso Baella Herrera.- La Semana Santa trajo un efecto sorprendente en nuestra clase política. Súbitamente los ánimos se calmaron, la tranquilidad se apoderó de todos y la política peruana pareció reenfocarse en los temas nacionales tantas veces relegados por epítetos y adjetivos. La “Pax Cateriana” -como la bautizó Jaime de Althaus- es un nuevo espacio en el que el Jefe del Gabinete parece buscar no sólo una imagen dialogante sino algo más importante: la construcción de una relación de confianza desde al gobierno hacia todos los actores políticos, económicos y sociales.

Cateriano, en sus primeras 120 horas, brega por imprimirle un sello propio basado en el respeto, la tolerancia y el ejemplo que una autoridad debe dar. Y es que la institucionalidad democrática se consolida cuando la lideran quienes entienden que cumplen roles supremos y que, precisamente por sus actitudes, pueden impactar en millones de personas que buscan serenidad y esperanza.

Por eso, por lo inusual de este hecho, es tan importante reconocernos como capaces de conciliar y consensuar; y hacer todo lo posible porque esos períodos se extiendan.
En el Perú ideal o del futuro el insulto debería desterrarse de la política y sólo deberían permitirse ideas, argumentos y razones. Pero esta reflexión tan llena de optimismo, inocencia o surrealismo tiene su lamentable antagonismo en el Jefe de Estado.

En el mismo periodo en que Cateriano intenta construir Humala busca destruir. Mientras uno es prudente el otro parece perturbado. Calificar, justo ahora, de “irresponsable” al congreso, “jauría de cobardes” a los críticos de su esposa y enfrentarse con un ex ministro de economía en público -en una actitud absolutamente opuesta a lo presidenciable- diciendo “hay que saber quién le paga su sueldo”, porque este critica con argumentos la forma en que se gastan 5 mil millones de soles anuales en programas sociales, a cuya inauguración el presidente se presenta con su esposa que es la presidenta de su partido, solo demuestra cuán delgada es la línea por la que caminamos.

Hay que cuidarnos pero no de Cateriano ni de la oposición. Aquí tenemos que extremar las medidas con el presidente porque esta actitud, tan repetida y tan sincrónica, no es un dislate, un exabrupto o producto del estrés; aquí parece haber una agenda propia en la que no podemos ni debemos caer. A más insultos, más grandeza y ninguna respuesta. Seamos conscientes que en palacio dormimos con el enemigo.

Fuente: Alfonso Baella Herrera


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