Malo para el gobierno, peor para el país

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alfonsoEscribe Alfonso Baella Herrera.- Para Nadine Heredia y Ollanta Humala la del lunes debe haber sido la jornada política más dura desde que llegaron a palacio. En las últimas horas perdieron varias veces y en diferentes frentes. En todos los casos existe un común denominador: el capricho.

Capricho, al querer imponer una ley, como la Laboral Juvenil, cuya importancia era fundamental pero cuyo ambiente político el propio gobierno jamás hizo propicio. Más aún, y a la luz de los hechos, la impresión que siempre hubo fue que la única razón para insistir en este proyecto era desviar la atención sobre su ex jefe de campaña Martín Belaúnde Lossio.

Capricho, al intentar trasladar ese lunes la responsabilidad política al Congreso cuando fue un proyecto que nació en el Ministerio de Economía. Tan cierto que ministros como el de Trabajo, Freddy Otárola y Producción, Piero Ghezzi y obviamente de Economía, Alonso Segura, habían hecho suyos.

Capricho, al creer que la bancada Gana Perú es de “su” propiedad. Hecho que se evidencia en la declaración del propio presidente en la mañana del Lunes cuando dijo, preguntado por la renuncia de Sergio Tejada a la bancada oficialista: “Se le ha dado la oportunidad para que sea congresista”, desconociendo que no es un partido el que nombra a un congresista y que por ley no está sujeto a mandato imperativo. Los congresistas no son de ningún partido sino de la nación y la oportunidad, en todo caso, se la da el pueblo a través del voto.

Capricho, al intentar inoportunamente tramitar ante el congreso un viaje presidencial a Costa Rica, en medio de las revelaciones de reglajes, escuchas ilegales y con miles de jóvenes en las calles protestando. Tramite que el propio presidente se vio obligado a retirar porque el congreso le hizo saber que no le daría permiso.

El gobierno evidencia que no sabe gobernar dialogando ni buscando consensos. La Ley del Servicio Militar Obligatorio, La ley del aporte voluntario a las AFPs o el deseo de no pagar a los fonavistas, son ejemplos que muestran un alto nivel de improvisación en asuntos importantísimos. Van a las batallas políticas sin estrategia, sin aliados y el resultado siempre es el mismo. Santiago Gastañadui, congresista nadinista -casado con una prima de Nadine Heredia- tuiteó casi un epitafio luego de la derogatoria de la “Ley Pulpin”: “Se perdió la batalla pero no la guerra”. La verdad es que el gobierno fue estrepitosamente derrotado por 91 votos a favor de la derogatoria, solo 18 en contra y 5 abstenciones. Pero esta última batalla lo ha dejado al borde del colapso. Gana Perú, con 34 congresistas, ya no es la primera minoría que ahora quedó en manos del Fujimorismo con 36. Pero Tejada reveló que hay 5 más por alejarse.

Quizá lo más importante sea el mensaje político para quien lo quiera comprender: No hay espacio para más confrontación. Ana Jara, una voz importante pero que cada día pierde más fuerza, ha intentado por Twitter invocar al diálogo mientras Urresti y Humala, ambos sí con estridencia, siguen descalificando a todos los que se cruzan por su camino. Da la impresión que ni Nadine ni Ollanta entienden lo que está ocurriendo y eso es muy malo para el gobierno y mucho peor para el país.

Fuente: Alfonso Baella Herrera


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