Escribe Miguel Aspurua.- Existe un plan poco conocido y menos difundido –oficialmente- que atañe a la manipulación de las capas exteriores que rodean nuestro planeta Tierra, que al parecer se está produciendo en y desde laboratorios terrestres con fines inconfesables.
Especialmente dirigido para transformar la Ionosfera –banda atmosférica sobre la estratosfera-, ubicada entre los 100 y 400 o 500 kilómetros de altura, donde la mezcla gaseosa –aire- está poderosamente ionizada (un ión es un átomo o partícula cargada eléctricamente) que permite las radiocomunicaciones producidas por ondas de alta frecuencia, ya que las refleja e impide su salida al espacio exterior.
Posee una altísima densidad, de millones de electrones por centímetro cúbico; y hace las veces de termostato para regular las radiaciones procedentes del sol, en ella se producen tormentas, auroras boreales y similares, y otros fenómenos metereológicos que afectan diversas regiones del globo terráqueo, determinadas por las estaciones climatológicas que son de diferentes latitudes por la inclinación de la esfera sobre su eje imaginario. En dicha capa se presentan variables temperaturas que oscilan entre 200º C y 1.200º C, las cuales a su vez presentan sub bandas conocidas como las de “Heaviside-Kenelly”, donde se ionizan átomos de oxígeno, y las de “Appleton” que a su vez ionizan las de nitrógeno; de todo esto se ocupa la “aeronomía”. Tal vez estas definiciones técnicas sean necesarias para abordar la materia.
Las primeras noticias referentes a las actividades de “HAARP” (High-frecuency Active Aural Research Program), en español: “Programa de búsqueda o investigación de la Aurora Activa de Alta Frecuencia”; provinieron de Alaska, y datan de 1994, cuando el periódico “Anchorage Daily News”, denuncia que desde laboratorios secretos en ese territorio y en connivencia con la Universidad de Alaska, se estaba experimentando el “envío” de haces o rayos de partículas de altísima frecuencia hacia la Ionosfera.
En esos momentos esa primicia no tuvo trascendencia, dado que era una noticia local, y así mismo el tiraje y difusión del tabloide era casi insignificante. Pero los interesados no contaban con la preocupación y sagacidad del médico Nick Begich y de la acuciosidad de la periodista Jeanne Manning; ambos se pusieron de acuerdo para investigar la situación.
De sus pesquisas determinaron que en efecto, en Alaska se estaban llevando a cabo pruebas dentro de un proyecto adscrito a al “Strategic Defense Initation”, SDI, que en buen español traduce: “Iniciativas de Defensa Estratégica”; el mismo se proponía –o se propone- dominar, mediante alteraciones, la Ionosfera, y por ende las radiocomunicaciones que se difunden a través del “techo electromagnético” de todo el mundo. De lograrse el proyecto sería posible interferir e intervenir las comunicaciones de países enemigos y anularlas por completo; y así mismo manejar las radiaciones a su antojo, y enviarlas a donde ellos se lo propusiesen, pudiendo alterar la climatología, destruyendo cosechas, provocando fuertes lluvias, inundaciones, sequías y otras distorsiones de los ecosistemas.
Es necesario hacer la salvedad que desde hacen unos cuantos años, el mundo está comportándose de manera extraña; llueve en zonas donde no se conocían tantas precipitaciones, inversamente hay sequías insólitas en regiones normalmente húmedas o hídricas; fenómenos de cambios bruscos de temperatura en cuestión de minutos, pasar de 20ºC a 40º C súbitamente y viceversa. O sea que es evidente que “alguien” o “algo” está fuera de lugar, dentro de la climatología mundial.
Pues bien, Begich y Manning escribieron y publicaron un extraño libro “Angels don´t play this HAARP” (Ángeles no tocan esta arpa), interpolando las palabras harp (arpa) y HAARP, la agenda secreta. Allí hay denuncias contundentes contra el Gobierno de Estados Unidos, sus agencias secretas y sus “proyectos”, sus “experimentos” que en un momento dado pueden escaparse de control, jugando a ser “dioses”, sin medir las consecuencias. Por supuesto que todo esto es negado por el Departamento de Estado, quienes utilizan medios de comunicación a su servicio, descalificando las denuncias, desvíando la atención del proyecto “HARRP”, explicando que es una propuesta científica con fines pacíficos y que no difiere de otros “calentadores ionosféricos” que utilizan países como Noruega, Rusia, India y Pakistán, con fines estrictamente tecnológicos. Los autores del libro ponen al descubierto la manera como los militares desinforman a la opinión pública, y los califican de “sensacionalistas”, ocultando sus verdaderas intenciones en su carrera desaforada por el control del mundo.
Para nadie es un secreto que Estados Unidos tiene más de 50 años desarrollando programas concebidos para sojuzgar a los demás; poseen bases ultra secretas, como el “área 51” y otras menos conocidas donde se afirma que tienen especímenes alienígenas, que experimentan con seres humanos, como si fuesen “conejillos de indias”. Se han producido bacterias y virus artificiales como el ébola, tipos de ántrax, VIH, y otras como las fiebres “de las vacas locas”, “aviarias” y “porcinas”; son magos de las armas químicas y de destrucción masiva. Acusando a otros de producirlas, como el caso de Iraq -prueba irrefutable de ello-, para conquistar y calificar a los demás de “terroristas” y ocupar sus naciones, contando con el concurso de otros países de su órbita política.
HAARP es un demonio, un engendro diabólico creado por la tecnología humana para la imposición, sus propósitos al “bombardear” la Ionosfera con super transmisores de ultra frecuencia, de más de 1 gigahertz, distorsiona la densidad de los iones y puede provocar una reacción que conlleva la presencia de cataclismos en donde se les antoje, terremotos, tsunamis, maremotos, erupciones volcánicas, calentamientos dirigidos y otros que escapan a las mentes más suspicaces. Los “locos” que dirigen estos programas pueden causar la destrucción de la vida en la Tierra; hay que levantar la voz, enérgicamente, contra estos degenerados, que en su afán de dominio total no se detienen ante “pequeñeces”.
Tecnológicamente el hombre ha avanzado mucho, pero existen parámetros que no se deben ni pueden traspasar; por qué no utilizar estos grandes y formidables conocimientos para solventar el hambre, la sed, la mortalidad infantil, en el planeta, en vez de jugar a ser dioses; y procurar que de ser posible crear “aliento divino” para dar vida, no se utilice para destruir.
Fuente: Miguel Azpúrua desde Venezuela
Bitacoras.com dice Sábado, 6 Febrero del 2010 a las 9:51
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