Sábado, 20 Marzo 2010

El bloqueo y la proclama

Jueves, 10 Diciembre del 2009 a las 8:38
Archivado en Miguel Azpurua con 1 Comentario Visitada 2 veces.

Escribe Miguel Azpurua.- Superado el escollo de la “Revolución Libertadora” que confabuló el banquero Manuel Antonio Matos contra el Gobierno del general Cipriano Castro, en la batalla de La Victoria –entre el 12 de octubre y el 2 de noviembre de 1902-, que significó el principio del fin del caudillaje venezolano, derivado de nuestra guerra de Independencia; reunió en su entorno a los generales Luciano Mendoza, Nicolás Rolando, Gregorio S. Riera, Juan Pablo Peñaloza, Luís Loreto Lima, Amábile Solagnie, Rafael Montilla, los hermanos Ducharne, Antonio Fernández, Lorenzo Guevara, Zoilo “Caribe” Vidal, Francisco Vásquez, Valentín Pérez, Pablo Guzmán,etc; a Castro se le presentó un grave problema de agresión internacional.

Las potencias europeas, Alemania, Inglaterra e Italia, se unen a los banqueros británicos, Goldsmith y Powles, y del Berliner Diskonto Gessellschaft; para exigir el pago de la deuda internacional venezolana contraído con ellos desde 1830; especialmente por la construcción del Gran Ferrocarril de Venezuela y además “Ofensas a sus banderas, confiscaciones de guerra, atropellos a súbditos suyos y reparaciones a su honor”. Según los demandantes el monto de lo adeudado ascendía a casi 135 millones de bolívares, cuando en realidad no superaba los 16 millones de bolívares; con intereses del 5 % anual, que se iban sumando y estos se capitalizaban.

Los alemanes reclamaban las acreencias y 7 millones por irregularidades y atraso, presionando al Gobierno de Castro; éste decide crear la “Comisión Venezolana Examinadora de las Reclamaciones Extranjeras”, exigiendo que el asunto se tratara en Venezuela y ante la Corte Federal, como única instancia válida para atender y dilucidar el problema.

La Cancillería germana comienza por comunicar al Gobierno de Estados Unidos, el 11 de diciembre de 1901, a través del Secretario de Estado John Hay; éste generosamente “escurrió el bulto” al señalar que el Presidente Teodore Roosevelt había expresado: “La Doctrina Monroe nada tiene que ver en las relaciones comerciales de cualquiera de las potencias americanas, salvo que en verdad ella permite que cada cual establezca las que les plazca. No garantizamos a ningún Estado contra la represión que su inconducta pudiera acarrear, con tal que esa represión no tome la forma de adquisición de territorio por una potencia no americana”. Hay que señalar que los financistas alemanes e ingleses había apoyado logísticamente al banquero Matos y habían establecidos convenios y acuerdos paras ser cumplidos una vez hubiese triunfado su “Revolución”; también los representantes de varias firmas norteamericanas como la “New York and Bermúdez Company”, la “Orinoco Steamship” y hasta la Compañía del Cable Francés, entregándole 150 mil dólares para la compra de armamento y el barco “Ban Right”, en decidido apoyo para derrocar al incómodo Cipriano Castro.

EL 9 de diciembre de 1902 –dos días antes habían presentado un ultimátum a la Cancillería venezolana-, el almirante inglés Douglas, comandante en Jefe de las fuerzas navales germano-británicas, dio la orden de cañonear a la “flota” venezolana surta en La Guaira y compuesta por verdaderos armatostes militarizados, las goletas “23 de mayo”, “El Totumo”, “General Crespo”, “Zamora”, “Zumbador” y “Margarita”; varias fueron echadas a pique y otras capturadas por los cruceros “Caribdis”, “Vineta” y “Panther”, que atacaron posteriormente a Puerto Cabello y Maracaibo.

Ese mismo día el general Cipriano Castro emite una enérgica protesta, desde el “Balcón Presidencial” de la “Casa Amarilla”, ante nutrida concurrencia, enardecida por el cobarde ataque; el “Cojo Ilustrado” publicó la proclama que en su primera parte decía: “¡Venezolanos! ¡La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria! Un hecho insólito en la historia de las naciones cultas, sin precedentes, sin posible justificación, hecho bárbaro, porque atenta contra los más rudimentarios principios del Derecho de Gente; hecho innoble, porque es fruto del contubernio inmoral y cobarde de la fuerza y la alevosía, es el hecho que acaban de realizar en la rada de La Guaira, hace pocos momentos, las escuadras alemanas e inglesas, sorprendieron y tomaron en acción simultánea y común, 3 vapores indefensos de nuestra Armada que habían entrado en dique para reparaciones mayores”. Esta alocución produjo un sentimiento solidario y unió en esos momentos a todos los venezolanos, llegándose a formar batallones de milicianos voluntarios en todas partes del país; además Castro ordena la liberación de 40 presos políticos que estaban en la Fortaleza de San Carlos, en la barra de Maracaibo. Salen los generales José Manuel “El Mocho” Hernández, Antonio Paredes, Diego Colina, Leoncio Quintana, entre otros. “El Mocho” Hernández se abraza públicamente con Castro en la Plaza Bolívar, el 19 de diciembre, enfrente de barras emocionadas, siendo victoreados ambos; “El Mocho” expresa: “He dejado mis odios en el fondo del calabozo”, Castro le riposta: “Los hombres como nosotros tienen el crisol de los sufrimientos como unas prueba necesaria de la cual salimos fuertes y sin odios”.

Aparece en escena el embajador norteamericano Herbert Bowen, representante de los intereses extranjeros en el país y se ofrece como árbitro para conciliar las partes; Castro le otorga poderes especiales para negociar y firmar con los agresores, en nombre de Venezuela; que gustosamente aceptaron el nombramiento. El arbitraje se celebró en territorio norteamericano bajo el nombre de “Protocolos de Washington”, el 16 de febrero de 1903; Inglaterra, Alemania, Italia y los sumados intereses de Francia, Holanda, Bélgica, México y España, se unen a la reclamación.

El convenio estableció un pago inmediato de Bs. 137.500 a cada uno de los bloqueadores, y el resto de Bs. 1.718.815,67, sería pagado en 4 partes; así mismo se obligaba a la Nación, destinar el 30 % de los ingresos de las aduanas de La Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo, para garantizar el pago de los compromisos y así levantar el bloqueo.

En marzo de 1903 el Congreso Nacional, presidido por el doctor Juan Pablo Rojas Paúl, rechazó los acuerdos considerándolos denigrantes y fueron impugnados. Solo una nación de América se solidarizó con Venezuela, Argentina, a través de la gallarda figura del doctor Luís María Drago, Canciller; quien de paso logró que su “Doctrina” fuese considerada, poco después, como un componente primordial para el Derecho Internacional.

Fuente: Miguel Azpúrua desde Venezuela

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1 Comentario para “El bloqueo y la proclama”

  1. Bitacoras.com dice Jueves, 10 Diciembre del 2009 a las 8:38

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