Escribe Miguel Azpurua.- El 27 de agosto de 1828 asume oficialmente la dictadura en Colombia –La Grande- el general Simón Bolívar, abrogándose el título de Libertador-Presidente. El infeliz desenlace de la Convención Constituyente de Ocaña, que prácticamente se desintegró a comienzos de junio de ese mismo año, generó una matriz de opinión contraria a la aún vigente –pero desfasada- Constitución de Cúcuta de 1821; en ese sentido el general Pedro Alcántara Herrán convocó una asamblea popular que se reunió el 13 de junio en la sede de la Real Aduana de Bogotá -mejor conocida como la Casa de los Portales, a un lado de la Plaza Mayor.
Arengados por Alcántara Herrán y el general José María Córdoba, la muchedumbre aprobó firmar un acta, revocando el mandato de los diputados a la fallida Convención y exigió que El Libertador asumiera todos los poderes, para evitar una guerra civil, ya que los furibundos “santanderistas” habían formado el desorden y el caos.
Dicha acta fue presentada al Consejo de Ministros, presidida por José Manuel Restrepo, suscribiéndola y aprobándola; y, así mismo envió el particular documento a El Libertador, quien se encontraba en la población de El Socorro, recibiéndola el 16 de junio. También los mensajeros le comunicaron a Bolívar que en Bogotá urgía su presencia para encargarse de todos los poderes y dictar una “Ley Fundamental” que hiciese las veces de Constitución.
El Libertador llegó a la capital el 24 de junio, siendo recibido con evidente emoción, alegría, y grandes vítores en su honor; allí se dirigió a los presentes y exclamó: “!Colombianos! No os diré nada de libertad; porque si cumplo mi promesa sereis mas que libres; sereis respetados. Además, bajo la dictadura ¿Quién puede hablar de Libertad? ¡Compadezcámonos mutuamente de los pueblos que obedecen la voluntad de un solo hombre!”
Entre tanto el general Francisco de Paula Santander y sus seguidores manipulaban la opinión pública a través de pasquines y proclamas contra el “tirano”, en sus medios periodísticos, “El Conductor”, “El Granadino”, “Bandera Tricolor” y “El Zurriago”; azuzaban a la desobediencia en poblaciones como Cúcuta, Cartagena y Popayán; actuaban como agentes los sediciosos Florentino González, Luis Vargas Tejada, Vicente Azuero, Francisco Soto, Miguel Uribe e Ignacio Muñoz. Ello conllevará al intento de magnicidio del 25 de septiembre de 1828, cuando se adentraron en el palacio de Gobierno, los asesinos comandados por el ruin Pedro Carujo. Pero volvamos con los acontecimientos generados por el acceso a la dictadura por Simón Bolívar.
Inmediatamente El Libertador crea un Consejo de Estado compuesto por José María Castillo y Rada –presidente-, Estanislao Vergara, José Manuel Restrepo, Nicolás Tanco, Joaquín Mosquera, Jerónimo Torres, José Joaquín Olmedo, Pedro Gual, Rafael Urdaneta, Francisco Cuevas, Modesto Larrea, Martín Icaza, Félix Valdivieso y el arzobispo de Bogotá, Fernando Caicedo Flores y como secretario José Domingo Espinar; figuras representativas de los tres departamentos que componían Colombia: Cundinamarca, Ecuador y Venezuela, Fue eliminada la vice-presidencia; no obstante se le ofreció al general Santander el cargo de Ministro Plenipotenciario ante Estados Unidos, con un salario de 8.000 pesos anuales. El taimado político neogranadino aceptó el empleo, pero retardó lo más que pudo su salida del país hasta que se produjo el intento de magnicidio referido; siendo Santander condenado a muerte, sentencia conmutada por El Libertador por extrañamiento. Al Mariscal Sucre le escribe: “Santander es el más culpables de todos, pero mi generosidad lo defiende”
De Caracas, Valencia, Maracaibo, Cumana, Medellín, Cartagena, Quito, Panamá, Antioquía y Cuenca; llegaron a Bogotá actas capitulares respaldando a El Libertador en todos sus actos. Casi de inmediato Bolívar expresó: “!Colombianos! Yo no retendré la autoridad suprema sino hasta que mandeis devolverla y si antes no disponeis otra cosa, convocaré dentro de un año la representación nacional!” Y en efecto así lo hizo, llamando a los pueblos a elegir representantes por el Congreso Constituyente, para el 2 de enero de 1830. Y justamente se reunió en la fecha prevista, en un evento en el que El Libertador renunció a la Primera Magistratura –por última vez- y lo denominó como “Congreso Admirable”, presidido por el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Fue electo Presidente Joaquín Mosquera, quien asumió el cargo en mayo de 1830.
En esos días (1828) se instaló en Bogotá, en una casona adyacente al Palacio Presidencial de San Carlos, la patriota quiteña Manuela Sáenz Aizpuru, amante formal de El Libertador; quién fue actora decisiva en el frustrado intento de asesinato contra la integridad física de Simón Bolívar. Pues bien, la Sáenz paseaba a caballo por las calles de Santa Fe, acompañada de sus dos esclavas negras, Jonatás y Nathán, con atuendo militar, insultando a cuanto reaccionario divisaba.
Santander publicaba en la prensa diatribas como esta: “Como es posible tanto descaro mostrado por Bolívar y la “forastera”; ante una ciudad casta, católica y puritana” El ex vicepresidente, en el colmo del cinismo, expresaba su repudio a la relación sentimental del Libertador-Presidente; olvidando su particular condición de amante de Nicolasa Ibáñez de Caro –desde 1819-, dama casada con Antonio José Caro, y con hijos de éste, Manuela, Diego, Marcela y José Eusebio. Además de haber expulsado prácticamente de Bogotá al señor Caro, para tener “la puerta franca” en casa de su amante.
A tanto llegó el descaro de Santander, que una vez fue a visitar a Nicolasa, encontrándose allí el doctor José Ignacio de Márquez -vicepresidente de Nueva Granada en 1835- al no más verlo, Santander lo agarró por el traje y trató de arrojarlo por una ventana, atormentado por los celos. Así son los hechos y así la historia está escrita…
Fuente: Miguel Azpúrua desde Venezuela
Bitacoras.com dice Martes, 25 agosto del 2009 a las 23:37
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